| Mensaje de Navidad 2009 |
|
Todo Mi Corazón Se Regocija ¡QUÉ noche! ¡La noche en que nuestro Salvador nació! ¡Una noche para regocijarnos con todo nuestro corazón! Dulces voces angelicales, audibles de lejos y de cerca, anunciaron su nacimiento: ¡Cristo ha nacido! Fue como si el cielo entero anunciara este incomparable mensaje. El gozo llenó el aire. Alegres campanas siguen anunciando su venida. Si escuchamos con cuidado, afinados nuestros oídos, podemos aún oír el primer llanto del niño santo desde el pesebre en Belén. Es como si desde su nacimiento estuviera llamándonos, implorándonos, rogándonos huir de las acechanzas y peligros que le esperan a nuestras almas. “Ven a mí”, nos dice. “Deja todo lo que te angustia y agobia. Yo puedo ofrecerte libertad. Yo puedo darte todo lo que necesitas.” Aceptemos, usted y yo juntos, su divina invitación. Hagámoslo sin demorar. Él nos invita a todos. Él llama tanto a los humildes como a los importantes. No podemos impresionarle con nuestra educación ni nuestros ingresos, de manera que, quienquiera seamos, juntos acerquémonos a él con asombro y temor reverente. Él nos invita a comprometernos con él. Desea que le devolvamos el amor que nos ofrece a todos. La estrella de Navidad, alta y brillante en el cielo, es una señal esperanzadora del amor divino. Acercarnos al recién nacido niño Cristo es una señal de que hemos recobrado nuestro juicio. Venimos a él, decidiendo vivir en obediencia a él y hallando nuestra esperanza del Cielo en él. Él nos ofrece la incomparable perspectiva de vivir con él para siempre. ¿Quién más puede prometer gozo incomparable tanto ahora como por toda la eternidad? Por todas estas razones, mi corazón se regocija. ¡Cristo ha nacido! Por General Shaw Clifton, con reconocimiento a Paulus Gerhardt (1607-76) y a la canción No. 73 del Cancionero en Inglés del Ejército de Salvación |